Fragmentos de «La Escolopendra»
Estos fragmentos pertenecen a mi última novela, «La Escolopendra».
No siguen un orden cronológico: son destellos, escenas, frases que sobreviven solas.
Juntas dibujan la respiración del libro.
Todo alrededor estaba impregnado de diferentes tonos de verde: menta, esmeralda, musgo, grisáceo, chartreuse. Por aquel lugar precioso había pululado la vegetación y la vida brotaba por todas partes. Y el cura vio que era bueno.
La poesía puede embellecer mentiras, alimentar el fanatismo y hacer creer a los pobres que van a ser ricos. Solo sirve para seducir a mujeres que la entiendan y para entretener a algunos.
Mi padre, un hombre lleno de virtudes para la vida comercial, siempre decía: «Nunca te fíes de un político ni de un abogado, pues ambos intentarán convencerte de que la tierra es plana y de que los peces pueden vivir fuera del agua».
Todo alrededor estaba impregnado de diferentes tonos de verde: menta, esmeralda, musgo, grisáceo, chartreuse. Por aquel lugar precioso había pululado la vegetación y la vida brotaba por todas partes. Y el cura vio que era bueno.
La poesía puede embellecer mentiras, alimentar el fanatismo y hacer creer a los pobres que van a ser ricos. Solo sirve para seducir a mujeres que la entiendan y para entretener a algunos.
Mi padre, un hombre lleno de virtudes para la vida comercial, siempre decía: «Nunca te fíes de un político ni de un abogado, pues ambos intentarán convencerte de que la tierra es plana y de que los peces pueden vivir fuera del agua».
La peor parte de la muerte no se la lleva el que se va, sino el que se queda,
que debe vivir con el recuerdo y la nostalgia del que se ha ido.
La peor parte de la muerte no se la lleva el que se va, sino el que se queda, que debe vivir con el recuerdo y la nostalgia del que se ha ido.
Cuando se retiró, me consta que se arrepintió de no habernos visto crecer, pero todo ser vivo solo crece una vez, y cuando el tronco y el tallo son adultos, ya no hay nada que hacer.
En la mesas donde la tertulia no trata sobre política también se encuentran intelectuales con temperamento, pero responden con elegancia, suspicacia, prudencia y con buenos modales a las acometidas de los adversarios. El combate intelectual es más comedido y perspicaz, pero también sangra.
En otra vida me hubiese gustado ser zoólogo o botánico, y andar con botas gordas, por sendas sinuosas, observando toda clase de bichos y criaturas. O bien, ser conservador en un parque natural del sudeste asiático rodeado de tigres y de elefantes.
En la mesas donde la tertulia no trata sobre política también se encuentran intelectuales con temperamento, pero responden con elegancia, suspicacia, prudencia y con buenos modales a las acometidas de los adversarios. El combate intelectual es más comedido y perspicaz, pero también sangra.
En otra vida me hubiese gustado ser zoólogo o botánico, y andar con botas gordas, por sendas sinuosas, observando toda clase de bichos y criaturas. O bien, ser conservador en un parque natural del sudeste asiático rodeado de tigres y de elefantes.
Cuando se retiró, me consta que se arrepintió de no habernos visto crecer, pero todo ser vivo solo crece una vez, y cuando el tronco y el tallo son adultos, ya no hay nada que hacer.