Nací en los 90 en Algemesí, un pueblo de Valencia rodeado de naranjos. Escribo desde siempre, o al menos así me gusta pensarlo: desde antes de nacer.
Empecé a escribir poesía en la veintena y llegué a autopublicar un libro que hoy siento lejano, aunque forma parte de mi recorrido. Con el tiempo fui acercándome cada vez más a la prosa. Ahora mismo me siento más cerca de ella, sin perder, eso sí, el gusto por un buen verso.
La novela es mi espacio natural, donde más cómodo me siento.

Entre los escritores que me han acompañado y en los que me miro están Ernest Hemingway, José Saramago, Camilo José Cela, Jorge Luis Borges, Graham Greene y Carmen Laforet. Fernando Sánchez Dragó ocupa un lugar especial, no solo por su obra, sino por sus maravillosos programas de literatura, gracias a los cuales descubrí a muchos de los autores que vinieron después. Y, por encima de todos, destacan dos nombres a los que regreso siempre: Ramón María del Valle-Inclán y Pío Baroja, cuyas obras admiro profundamente.